comer en un restaurante

Es posible que, en alguna ocasión, te hayas encontrado en esa situación en la que llevas la dieta estupendamente y de repente te surge una comida de trabajo, familiar o con amigos, en un restaurante y, claro, no puedes decir que no. Pero piensas, ¿y ahora, se echará a perder el avance que he hecho durante estas semanas? ¡Pues claro que no! Porque, sí, es posible comer en un restaurante si estás a dieta.

¿Por dónde empiezo?

Lo primero que tienes que pensar es que no hay nada que temer, porque has logrado buenos resultados por tu cuenta, has aprendido a elegir alimentos y platos más saludables (porque no estás a dieta solo por un tiempo, estás mejorando tus hábitos de alimentación) y, por eso mismo, no vas a caer en la tentación de pedir platos que no lo sean.

Es más, tal vez en la carta encontrarás platos saludables y sorprendentes que después desearás incluir en tu dieta habitual.

Y en la práctica…

Quédate con estos consejos que te ayudarán a seguir con tu plan de alimentación saludable, aunque vayas a comer a un restaurante:

Incluye en tu comida verduras, proteínas e hidratos de carbono.

Escoger un plato de verduras (cocinadas o crudas), una ración de un alimento que aporte proteínas (carne, pescado, legumbres o huevos) y una ración de un alimento que aporte hidratos de carbono (pasta, pan, arroz, quinoa, patatas, etc.) es un buen sistema para realizar una comida equilibrada.

Observa los platos disponibles en el menú.

Haz una lectura de todas las opciones que el menú te presenta. Piensa que, si vas a tomar un primer plato y un segundo, lo ideal es que el primero sea de verduras y el segundo lleve la ración de proteínas y la de hidratos de carbono. En este punto, es importante evitar caer en la tentación de pedir platos muy calóricos (o con los mismos grupos de alimentos) de primero y de segundo; ¡acuérdate del primer punto! (Hay veces que lo ideal es pedir dos primeros).

La gran mayoría de restaurantes tienen opciones saludables en su menú, y esos son platos que debes escoger, por no mencionar el orgullo que sentirás por haber ido a comer a un restaurante y haber tomado buenas decisiones.

Ten en cuenta las cocciones utilizadas para la elaboración de los platos.

Huye de platos que incluyan fritos o muchas salsas. Escoge con criterio. Lo ideal será comer platos a la plancha, al horno, al vapor, hervidos, etc. aunque no te olvides de que los salteados o los estofados también pueden ser una buena opción.

Las raciones también son importantes.

La mayoría de veces los restaurantes ofrecen raciones que superan el doble de cantidad de las que comeríamos en casa. Sé consciente de ello, sobre todo, en el segundo plato ya que tomar más cantidad de algunos alimentos hará que sumes un número de calorías importante a tu comida.

¿Y las guarniciones?

Recuerda este concepto: Verduras + Proteínas + Hidratos de carbono (¡las combinaciones son infinitas!). Pregunta siempre (sí, sí, siempre), qué guarnición acompaña a tu plato. Si son patatas, las fritas no serán una buena opción, pero al horno pueden completar tu menú a la perfección. También puedes pedir, por ejemplo, que te pongan algunas verduras y tomar un poco de pan con el segundo plato. Fácil, ¿verdad?

Por último, los postres…

Aquí, sí que es importante evitar fascinarse por los postres más golosos y ser consciente de que eso de “un día es un día” para cada día, no funciona. Lo mejor será elegir fruta fresca (preguntad si tienen, porque a veces los camareros no nos lo ponen del todo fácil) o yogur natural. Algunos restaurantes también tienen cuajada, que no sería una mala opción al compararla con una tarta de queso o, por supuesto, de chocolate, por ejemplo.

Tampoco olvides los consejos que sigues en tu día a día como comer despacio; seguro que tienes tiempo suficiente para disfrutar de una buena sobremesa.

¿Preparada para disfrutar de una comida en un restaurante con la mejor compañía? ¡Felicítate por tus progresos y no dejes pasar la oportunidad de comer en un restaurante si estás a dieta, porque es posible hacerlo bien!

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