Hasta la fecha, los avances en nutrición y alimentación están en constante cambio. Incluso, las recomendaciones varían, pero muchos mitos perduran y aún son aceptados como válidos por la mayoría de la población. Existe la creencia popular de que beber agua mientras comes, engorda, ya que provoca retención de líquidos.

¿Qué hay de cierto en ello?

El agua es una sustancia líquida, incolora, insípida e inolora. Hablando nutricionalmente, el agua es un alimento acalórico. Esto significa que no tiene calorías, por lo que no aporta energía al cuerpo. Así pues, si la bebes antes, durante o después de comer únicamente proporcionará hidratación. Beber agua, algo indispensable para la vida, no provoca retención de líquidos, sino al contrario, estimula el funcionamiento renal y ayuda a equilibrar los niveles hídricos del cuerpo.

De hecho, un estudio afirmó que aquellas personas que bebieron dos vasos de agua antes de comer, combinados con una dieta hipocalórica, perdieron más peso que aquellas que no bebieron agua antes de las comidas. Esto se debe a que el agua sacia el hambre, o bien a que a veces se piensa que se tiene apetito cuando en realidad es sed.

Aunque la sensación de sed es la que empuja a ingerir líquidos, no es aconsejable esperar a tener sed para beber. El agua forma parte de la composición del cuerpo humano y es imprescindible para el correcto desarrollo de numerosas funciones vitales del organismo. Entre otras cosas, ayuda a transportar sustancias y nutrientes a cada célula del cuerpo, facilita la eliminación de toxinas, regula la temperatura corporal y participa en procesos metabólicos del organismo.

Por todos estos motivos, el mejor líquido para ingerir durante las comidas es el agua porque, a diferencia de otras bebidas como los refrescos, los zumos o las bebidas alcohólicas, no contiene calorías vacías, sino minerales que también son esenciales para el correcto funcionamiento de nuestro organismo.

Consejos para mantener una correcta hidratación

  • Bebe entre uno y dos litros de líquido, aproximadamente, repartidos a lo largo del día.
  • No esperes a sentir sed para beber. Cuando sientes sed significa que ya has perdido entre el 1 y el 2% del agua corporal total. Esta pérdida es suficiente para reducir tu capacidad de concentración.
  • Si no sueles beber suficiente agua, puedes hidratarte, además, con otro tipo de líquidos: caldos, infusiones, zumos naturales, bebidas vegetales, batidos caseros, etc.
  • Si practicas algún deporte o realizas algún esfuerzo físico, aumenta la ingesta de líquidos. Lo mismo si sudas más de lo habitual a causa del calor o la humedad, entre otros factores.
  • El agua necesaria no solo proviene de los líquidos, sino también de los alimentos sólidos. Las frutas y verduras son los alimentos con mayor contenido de agua. Por lo tanto, una alimentación que incluya frutas y verduras diariamente, contribuye a una correcta hidratación.

 

Contra los mitos, ¡Hidrata tu cuerpo y mente!



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